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Trabajo sobre el cuento "Memnón o la sabiduría humana"

 Lee el siguiente cuento y contesta las preguntas que aparecen debajo del mismo:

 

MEMNÓN O LA SABIDURÍA HUMANA

 

Memnón concibió un día la extravagante idea de ser completamente cuerdo, locura que pocos hombres han dejado de sufrir. Memnón discurría así:

-Para ser muy cuerdo, y, en consecuencia muy feliz, basta con no dejarse arrastrar de las pasiones, cosa fácil como nadie ignora. Lo primero, nunca he de amar a ninguna mujer. Cuando contemple a una mujer hermosa me diré a mí mismo: «Llegará un día en que esa cara se llene de arrugas, esos bellos ojos perderán su brillo, ese busto firme y turgente se volverá fofo y caído, esa abundancia de pelo se trocará en calvicie.» Me bastará figurarme entonces cómo será esa linda cabeza para que no me haga perder la mía. Lo segundo, siempre seré sobrio por más que me tiente la gula, los vinos exquisitos y el placer de las fiestas. Tendré muy en cuenta las consecuencias de los excesos de la mesa: el estómago estropeado, la cabeza pesada, la incapacidad para el trabajo. Comeré con sobriedad y con el goce de la salud, mis ideas serán claras y felices. Luego -continuaba Memnón-, no descuidaré mi hacienda. Soy hombre moderado. Tengo un capital que me produce buena renta y otro capital que maneja para acrecentarlo el tesorero general de Nínive. Con ellos puedo vivir sin depender de nadie, que es la mayor fortuna. No necesitaré nunca ir a besar manos de palaciegos, ni envidiaré a nadie, ni de nadie seré envidiado. Amigos tengo -dijo, en fin-, y los conservaré, porque jamás he de serles desleal y ellos serán buenos conmigo y yo con ellos; tampoco en esto hay dificultad.

Formado así su plan, se puso a pasear por su cuarto y luego se asomó a la ventana. Dos señoras que iban por la calle llamaron su atención; una era vieja y la otra moza, linda y por lo mucho que gemía y lloraba debía sufrir una gran pena. Su congoja la favorecía y daba una gracia especial.

Impresionado nuestro sabio, no por la belleza de la muchacha, pues estaba seguro de no rendirse a tal debilidad, sino por el desconsuelo de que daba muestra, bajó y acercóse piadoso a la joven ninivita. Contóle esta con la más ingenua y tierna expresión las maldades de que la hacía víctima un tío suyo (que no tenía), las mañas con que la había privado de una fortuna (que nunca había poseído) y el temor que le causaban su violencia y brutalidad.

-Vos parecéis hombre discreto -le dijo-. Si me hicieseis el favor de venir a mi casa yo os explicaría mi situación y estoy segura de que me sacaríais del apuro en que me veo.

No tuvo reparo Memnón en acompañarla para examinar despacio sus asuntos y darle buenos consejos.

Una vez en su casa condújole, la afligida damisela, a una alcoba perfumada, le dijo que se sentase en un blando sofá que allí había y sentóse ella frente a él. Hablaba la joven bajando los ojos y enjugándose las lágrimas de vez en cuando. Al levantarlos siempre se cruzaban sus miradas con las del sensato Memnón. Sus palabras se hacían más afectuosas cuando ambos se miraban. Memnón se interesaba más y más en lo que oía, aumentando su deseo de servir a tan hermosa y desdichada criatura. Con el calor de la conversación, se fueron acercando poco a poco, hasta que los consejos de Memnón hiciéronse tan cariñosos y próximos a la muchacha, que ni esta ni aquel sabían ya dónde estaban, ni si realmente hablaban o no.

Fue en este momento preciso cuando, como ya el lector se habrá imaginado, se presentó el tío, armado de punta en blanco. El hombre empezó a vociferar y a decir que iba a matar a su sobrina y al sabio Memnón. Luego, ya calmado, manifestó que solo les perdonaría si el galante caballero le entregaba una fuerte cantidad.

Memnón le dio cuanto dinero tenía. Y menos mal que su aventura no le trajo consecuencias peores, pues todavía no se había descubierto América y las bellas afligidas no resultaban tan peligrosas como en nuestros tiempos.

Confuso e indignado, Memnón volvió a su casa, donde le esperaba la invitación de unos amigos para comer con ellos.

-Si me quedo solo en casa -dijo- me entristeceré más y puedo caer malo; mejor es ir a comer en su compañía, que al fin son amigos íntimos; me distraeré y olvidaré el disparate que he cometido.

Fue a la comida, y sus amigos, viendo que estaba algo triste, le obligaron a que bebiese para disipar su melancolía. El vino, si se bebe con moderación es medicina para el ánimo y para el cuerpo; así pensaba el sabio Memnón, pero a pesar de ello se embriagó. Propusiéronle jugar a los naipes; el juego, cuando no se exponen cantidades importantes, es una diversión inocente. Pero Memnón perdió cuanto llevaba en el bolsillo, y cuatro veces más sobre su palabra. Una de las jugadas produjo una disputa, e irritados los ánimos, el más íntimo de aquellos amigos suyos le tiró a la cabeza un cubilete, con tanta fuerza, que le saltó un ojo. Total, que llevaron a su casa al sabio Memnón borracho, sin dinero y con un ojo menos.

Después de dormir un rato, Memnón envía a su criado a casa del tesorero general de Nínive para que le diera dinero y poder pagar a sus amigos las deudas del juego. A poco vuelve su criado con la noticia de que el tesorero ha suspendido pagos y defraudado una gran cantidad.

Angustiado Memnón corre a Palacio con un parche en el ojo y un memorial en la mano, pidiendo justicia al rey contra el tesorero. En la antecámara vio a muchas damas, todas como peonzas al revés, con elegantes tontillos de cinco metros de circunferencia y diez de cola. Una dama que le conocía, dijo, mirándole a hurtadillas:

-¡Jesús, qué horror!

Y otra, que era muy amiga suya:

-Buenas tardes, señor Memnón -le dijo-, cuánto me alegro de veros señor Memnón. Créame que me encanta encontraros. Pero decidme, ¿quién os ha dejado tuerto, señor Memnón?

Dicho esto se fue sin aguardar respuesta.

Ocultóse Memnón lo mejor que pudo en espera de que pasase el rey y cuando este apareció, Memnón, después de besar el suelo tres veces, le alargó un memorial, que tomó el soberano con mucha afabilidad y pasó a uno de sus ministros para que se informase. El ministro llamó aparte a Memnón, para decirle en tono de mofa no exento de cólera:

-Sois un tuerto bastante atrevido. ¿Por qué habéis entregado al rey un memorial en vez de enviármelo a mí? El tesorero es hombre honesto y yo le protejo porque es sobrino de una doncella de mi querida. No deis un paso más en este asunto si no queréis perder el ojo sano que os queda.

De esa suerte, Memnón, que por la mañana había tomado la resolución de no amar, de no acudir a festines, ni jugar, ni reñir con nadie, ni, sobre todo, poner los pies en Palacio, antes de anochecer había sido engañado por una mujer, se había emborrachado, había jugado, le habían saltado un ojo en una riña y había ido a Palacio donde se burlaron de él.

Confuso, abrumado por sus desgracias, regresó a su casa. Al ir a entrar vio que se hallaba llena de alguaciles y escribanos, que le estaban embargando los muebles a petición de sus acreedores. Casi sin sentido permaneció inmóvil bajo una palmera.

A poco acertó a pasar por allí la bella damisela de aquella mañana. Iba paseando con su amado tío y no pudo contener la risa al observar a Memnón con su parche. Ya de noche se acostó Memnón sobre un montón de paja, cerca de los muros de su casa. Acometióle un acceso de fiebre y con ella una pesadilla: se le apareció en su letargo un espíritu celeste, resplandeciente como el sol y provisto de seis hermosas alas, pero sin pies, cabeza ni cola, un ser que no tenía semejanza con ninguna criatura humana.

-¿Quién eres? -le dijo Memnón.

-Tu genio protector -le respondió la aparición.

-Pues devuélveme -repuso Memnón- mi ojo, mi salud, mi dinero y mi cordura.

Y en seguida le contó todo lo que había perdido aquel día y de qué manera.

-Aventuras son esas -replicó el espíritu- que nunca suceden en el mundo donde nosotros vivimos.

-Pues, ¿en qué mundo vivís?

-Mi patria dista quinientos millones de leguas del sol, y es aquella estrellita junto a Sirio que puedes observar desde aquí.

-¡Admirable país! -dijo Memnón-. Así pues, ¿no tenéis allá bribonas que engañen a los hombres de bien, ni amigos que les estafen su dinero y les destrocen un ojo, ni deudores que quiebren, ni ministros que se rían de vosotros mientras os niegan justicia?

-No -le dijo el habitante de la minúscula estrella-. Nada de eso; no nos engañan las mujeres, porque no las hay; no somos glotones, porque no comemos; no nos pueden sacar los ojos, porque en nada se parece nuestro cuerpo al vuestro; ni los ministros cometen injusticias, porque todos somos iguales y no hay ministros.

Dijóle entonces Memnón:

-Pero sin mujeres y sin comer, ¿en qué pasáis el tiempo?

-En cuidar -dijo el genio- de los demás mundos que están a nuestro cargo. Por eso he venido a consolarte.

-¡Ay! -replicó Memnón-. ¿Y por qué no vinisteis anoche para evitar que hiciera tanto disparate?

-Porque fui a consolar a Asan, tu hermano mayor, que es más desventurado que tú, pues has de saber que Su Graciosa Majestad el Rey de las Indias, en cuyo palacio tiene el honor de ocupar un cargo, le mandó arrancar los dos ojos por haber cometido leve falta. Ahora le tienen en un calabozo amarrado de pies y manos.

-¡Pardiez! -exclamó Memnón-. ¡Pues sí que nos sirve de mucho a la familia, que nos proteja un genio bueno! De dos hermanos que somos, el uno está ciego y el otro tuerto, el uno tirado entre paja y el otro en una cárcel.

-Tu suerte cambiará -dijo el genio protector-. Verdad es que ya en toda tu vida no dejarás de ser tuerto; pero aparte de eso, serás feliz a condición de que no cometas nunca la locura de pretender ser cuerdo del todo.

-¿Es que eso no es posible? -preguntó Memnón reprimiendo un sollozo.

-No. Como no es posible ser del todo inteligente, del todo sano, del todo poderoso o del todo feliz. Nosotros mismos estamos lejos de serlo. Sin embargo, existe un mundo donde eso se logra; pero a ese solo se llega después de pasar grado a grado por los cien mil millones de mundos que ruedan por el espacio. En el segundo hay menos placer y menos sabiduría que en el primero; en el tercero menos que en el segundo, y así sucesivamente hasta el último, en el que ya todos sus habitantes están locos del todo.

-Mucho me temo -dijo Memnón-, que esa gran casa de orates del universo lo sea precisamente el mundo en que vivimos nosotros.

-No tanto, no tanto -dijo el espíritu-; pero cerca le anda.

-Entonces -replicó Memnón-, ¿ciertos poetas y ciertos filósofos que afirman que «todo es como debe ser» están equivocados?

-No. Tienen razón -dijo el filósofo del otro mundo-, si consideramos el universo en su conjunto

-¡Ah! -respondió el pobre Memnón-. Ahí tenéis una cosa en que no creeré mientras sea tuerto.

 

VOLTAIRE

 

 

1. Clasifica el título del cuento y justifica tu elección.

2. ¿Cuál es el tema de esta narración?

3. ¿Qué tipo de narrador tiene el texto? Justifica con citas de texto.

4. ¿Qué consideración te merece la decisión del personaje de Memnón de resolver ser sabio? ¿Qué relación existe entre la sabiduría y la felicidad?

5. ¿Por qué crees que sucumbe fácilmente a las “tentaciones” que se le presentan?

6. ¿Qué elemento maravilloso se hace presente en el cuento? ¿Qué es lo que le manifiesta al personaje? ¿Cómo es ese mundo que describe?

7. ¿De qué forma se hace presente la sátira y la comicidad en el cuento? Cita texto y explica.

8.   Analiza dos figuras literarias del cuento. Explícalas.

CÁNDIDO O EL OPTIMISMO

Traducido del alemán por el Doctor Ralph (con los agregados encontrados en el bolsillo del doctor, al morir este en Minden, en el año de gracia de 1759).

 

Capítulo I

 

De cómo Cándido fue educado en un hermoso castillo y fue echado de este

 

Había en Westfalia, en el castillo del señor barón de Thunder-ten-tronckh, un muchacho al que la naturaleza había dotado de los más delicados modales. Su fisonomía reflejaba su alma. Tenía un juicio bastante certero, y el carácter más simple, lo cual era la causa, según creo, de que se lo llamase Cándido. Los viejos criados de la casa sospechaban que era hijo de la hermana del señor barón y de un bueno y honesto caballero de las proximidades, al cual esta señorita nunca había querido desposar por no haber él podido probar más que setenta y un cuarteles, pues el resto de su árbol genealógico habíase perdido en la injuria del tiempo. 

El barón era uno de los señores más poderosos de Westfalia, pues su castillo tenía una puerta y ventanas. Su salón principal, incluso, estaba adornado con tapicería. Todos los perros de sus corrales en caso de necesidad formaban una jauría y sus palafreneros eran sus picadores; el vicario de la aldea era su capellán mayor. Todos le llamaban Monseñor y reían cuando contaba cuentos.

La señora baronesa, que pesaba, aproximadamente, trescientos cincuenta libras, gozaba por ello de una gran consideración y hacía los honores de la casa con una dignidad que la volvía aún más respetable. Su hija, Cunegunda, de diecisiete años, era rozagante, fresca, rolliza, apetecible. El hijo del barón resultaba en todo digno de su padre. El preceptor Pangloss era el oráculo de la casa y el pequeño Cándido escuchaba sus lecciones con toda la buena disposición propia de su edad y de su carácter. 

Pangloss enseñaba la metafísico-teólogo-cosmolonigología. Demostraba admirablemente que no hay efecto sin causa y que, en este, el mejor de los mundos posibles, el castillo de monseñor el barón era el más bello de los castillos y la señora la mejor de las baronesas posibles.

–Está demostrado –decía–  que las cosas no pueden ser de otra forma; pues, habiendo sido hecho todo con un fin, todo existe, necesariamente, con la mejor finalidad. Observad que las narices han sido hechas para llevar las gafas; por ello tenemos gafas. Las piernas han sido visiblemente creadas para llevar medias y llevamos medias. Las piedras se han formado para ser talladas y construir castillos, por ello monseñor tiene un muy hermoso castillo; el más importante barón de la provincia debe ser el mejor alojado; y, habiendo sido hechos los cerdos para ser comidos, comemos chancho todo el año: por consiguiente, aquellos que han anunciado que todo está bien, han dicho una necedad; debían haber dicho que todo está a la perfección.

Cándido escuchaba con atención y creía con inocencia; además consideraba extraordinariamente bella a la señorita Cunegunda, aunque jamás había tenido la osadía de decírselo, y llegaba a la conclusión de que, después de la felicidad de haber nacido barón de Thunder-ten-tronckh, el segundo grado de dicha consistía en ser la señorita Cunegunda, el tercero en verla todos los días y el cuarto, en escuchar al maestro Pangloss, el más grande filósofo de la provincia y, por lo tanto, de todo el mundo.

Un día, en que Cunegunda se paseaba cerca del castillo, en el bosquecillo al que llamaban parque, vio, entre las malezas, al doctor Pangloss que daba una clase de física experimental a la doncella de su madre, una morochita muy linda y muy dócil. Como la señorita Cunegunda tenía mucha disposición para las ciencias, observó, sin respirar, las reiteradas experiencias de las cuales era testigo; comprendió con total claridad la razón suficiente del doctor, los efectos y las causas y regresó, muy agitada, muy meditativa, colmada del deseo de ser sabia, pensando que bien podría ser ella la razón suficiente del joven Cándido, que podría ser, a su vez, la suya. 

Al volver al castillo encontró a Cándido y se sonrojó, Cándido también se sonrojó, ella le dio los buenos días con voz entrecortada y Cándido le habló, sin saber lo que decía. Al día siguiente, después de la comida, al abandonar la mesa, Cunegunda y Cándido se encontraron detrás de un biombo; Cunegunda dejó caer su pañuelo, Cándido lo recogió, ella le tomó inocentemente la mano y el joven besó inocentemente la mano de la muchacha, con una vehemencia, una sensibilidad, una gracia sumamente especial; sus bocas se encontraron, sus ojos se encendieron, sus rodillas temblaron, sus manos se extraviaron. En señor barón de Thunder-ten-tronckh pasó cerca del biombo y, al ver aquella causa y aquel efecto, echó a Cándido del castillo a tremendos puntapiés en el trasero; Cunegunda se desvaneció; cuando volvió en sí la señora baronesa le dio de bofetadas y todo fue consternación en el más bello y agradable de los castillos posibles. 

 

VOLTAIRE
 

 

DEL RACIONALISMO AL STURM UND DRANG

CONTEXTO IDEOLÓGICO

 

El contexto político, social y cultural constituyó una verdadera revolución ideológica donde, a partir de una situación heredada y configuraba por la historia europea de los siglos XVI y XVII, se genera un extraordinario replanteo existencial que habrá de culminar, en lo político, con la instauración de la burguesía como clase dominante (Revolución Francesa de 1789), y en lo cultural, con la aparición de formas artísticas que revolucionaron el concepto mismo del arte.

El siglo XVII colocó en el centro de la escena un elemento fundamental: la razón. Desde ese momento, la racionalidad se convierte en el instrumento privilegiado para la captación de lo real e incluso en la estructura de lo real mismo. El máximo representante de este racionalismo del siglo XVII es René Descartes (1595-1650), quien en una de sus célebres Meditaciones Metafísicas afirma que la racionalidad es el verdadero sentido de la existencia: “Pienso, luego existo”.

Esta concepción abre el camino para una radical renovación de las ciencias, el intelecto humano se concilia con la naturaleza de las cosas, y este nuevo florecer de la razón da lugar a un nuevo hombre: el hombre ilustrado. La Ilustración muestra a un individuo que asume su carácter de hombre frente a la autoridad que lo aplastaba (iglesia, señor feudal, tributos, etc.) y guiado por la fuerza de la razón busca, más allá de los mitos y leyendas que le fueron impuestos, el verdadero sentido de su realidad interior y de lo material que lo rodea.

 

Como características fundamentales de la Ilustración se destacan:

1. Creencia en la razón como método infalible para llegar a la verdad. Esta razón opera a partir, y como purificadora, de las impresiones de nuestros sentidos.

2. El ejercicio de esta razón debe producir un modo de vida justo y acorde para todos los hombres.

3. El orden de la sociedad y de la naturaleza toda es un orden legal y matemático que el hombre puede y debe conocer mediante el ejercicio de la ciencia.

4. No existe ninguna depravación originaria (pecado original) inherente a la naturaleza del hombre. Es posible una infinita perfección de la naturaleza humana individual y social, si los hombres siguen los dictados de la razón y los de sus propios instintos.

 

El pensamiento ilustrado se sustenta en tres pilares básicos:

1.- Confianza ciega en el poder de la razón humana que hará posible el progreso, de ahí que se hable de Siglo de las Luces o de la Razón; se anhela la prosperidad económica como trampolín para conseguir la libertad, esto hace que se ensalce el mercantilismo: la literatura recoge estos nuevos temas.

2.- Creencia en la felicidad humana con fines utilitarios.

3.- Laicismo de la cultura: los valores culturales y científicos suplantan a los religiosos. Se proclama la tolerancia en materia religiosa, muchos ilustrados son deístas y creen en Dios, pero rechazan la religión, otros son ateos, y, un número importante, fervientes católicos. Hay un ataque a las formas religiosas tradicionales plagadas de fanatismo y superstición.

 

CONTEXTO LITERARIO

 

La literatura de este siglo no habrá de ser extraña a todas las transformaciones señaladas con anterioridad. Un nuevo tipo de literatura y un nuevo tipo de lectores aparecen en escena. Entre los precursores podemos encontrar a Montesquieu (1689-1755), Rousseau (1712-1778), Voltaire (1694-1778), Swift (1667-1745), Defoe (1660-1731).

Además de las numerosas obras y autores iniciadores de este movimiento intelectual, deben citarse otros hechos importantes. Por un lado, la aparición de diarios que comenzarán a tener difusión desde principios de siglo; de ellos sacará, la naciente burguesía, su educación literaria y social. Con los periódicos, el estilo literario sufre un cambio notorio. Alejado de la solemnidad de los grandes libros, perderá en clasicismo y comenzará a hacerse más flexible, más pleno de ocurrencias y técnicas virtuosistas. Surgirán también semanarios, que unidos a la lectura de los periódicos, comenzarán a crear las bases de una literatura que busca salvar las distancias entre el docto y el lector burgués más o menos culto. Todo esto convertirá la lectura en una costumbre y en una necesidad de sectores cada vez más amplios de la población.

Por otra parte, perdurará la existencia de salones, tradición que se mantendrá hasta la Revolución. Los más importantes serán los salones filosóficos. En ellos dominará la influencia volteriana, y solo hacia fines de siglo penetrarán las ideas de Rousseau.

 

ILUSTRACIÓN Y NEOCLASICISMO

 

La Ilustración es un movimiento cultural europeo que abarca aproximadamente desde 1720 a 1770, más o menos desde la muerte de Luis XIV hasta la crisis que desembocará en la Revolución Francesa.

Las raíces de esta corriente hay que buscarlas en el Renacimiento, en el empirismo y en el racionalismo de los filósofos del XVII (Descartes, Hobbes, Leibniz, Locke, Spinoza, etc.). La situación política permite que en Gran Bretaña surjan algunos de los rasgos esenciales de esta tendencia, que se asienta definitivamente en Francia, desde donde se difunde al resto del continente y a América.

La Ilustración trae un fuerte espíritu crítico, se discute y analiza todo. El término crítica se pone de moda; se practica una crítica demoledora por medio del análisis o de la ridiculización, que afecta tanto a la política como a la sociedad. Los ilustrados exaltan la individualidad del ser humano, toman conciencia de su libertad.

El pensamiento ilustrado se difunde a través de sociedades secretas, academias, tertulias de salón o café, y en especial, a través de la prensa y los libros. La Enciclopedia o diccionario razonado de ciencias, artes y oficios, por una sociedad de hombres de letras es la obra maestra de esta ideología, publicada en Francia bajo la protección de la marquesa de Pompadour. En ella colaboran hombres de la altura de D'Alambert, Diderot, Rousseau, Voltaire, etc. Entre 1751 y 1772 aparecen los veintiocho volúmenes, más cinco de suplementos y dos de cuadros analíticos.

En definitiva, la Ilustración representaba el deseo de los filósofos de la época por racionalizar todos los aspectos de la vida y del saber humanos. Vino a sustituir el papel de la religión (como organizadora de la existencia del hombre) por una ética laica que ordenará desde entonces las relaciones humanas y llevará a un concepto científico de la verdad.

 

EL NEOCLASICISMO COMO EXPRESIÓN ARTÍSTICA DE LA ILUSTRACIÓN

 

La tendencia artística que predomina se denomina Neoclasicismo. Es el nombre que recibe el movimiento artístico propio de la Ilustración (artes plásticas y literatura). Surge como reacción frente a los excesos del Barroco en su última fase, y del Rococó.

La literatura ilustrada se caracteriza por el predominio de la narrativa, sobre todo el ensayo, la aparición del teatro burgués, la decadencia de la lírica, el empleo de la sátira y de un lenguaje impersonal, objetivo y directo.

De la novela se pasó al ensayo como género divulgador de ideas por excelencia. La literatura neoclásica realizó una crítica de las costumbres, incidiendo en la importancia de la educación, el papel de la mujer y los placeres de la vida.

Cobró importancia la fábula, relatos o poesías normalmente ejemplificadas con animales, donde se exponen enseñanzas morales. La fábula se caracterizaba por ser una composición de carácter didáctico, por la crítica de vicios y costumbres personales o de la sociedad, y por la recurrencia a la prosopopeya o personificación. Es el subgénero que más se adaptó a las preceptivas neoclásicas.

 

Características generales del Arte Neoclásico:

·      Mantiene como principio fundamental que para realizar su obra, el artista debía regirse siempre por normas muy concretas.

·      Se considera a los escritores griegos y latinos como modelos a imitar. Es un retorno a los clásicos; eso es lo que significa el término neoclasicismo.

·      Para imitar a los clásicos, los artistas deben estudiar las reglas que se recogen en las preceptivas o códigos de normas estéticas.

·      Se da preferencia a la razón frente a los sentimientos y la imaginación, que pasan a un segundo plano en la obra de arte.

·      Como consecuencia, ya no se escribirá para entretener, sino para educar. La literatura neoclásica tiene un marcado carácter crítico, satírico, didáctico y moralizador.

·      Las obras deben respetar el principio estético del buen gusto, que siempre es equilibrio y serenidad.

·      Las obras deben ser creíbles, verosímiles. Para ello hay que imitar a la Naturaleza en su forma de crear las cosas.

 

Principales consecuencias en la literatura:

 

·      Cumplimiento de la regla de las tres unidades en el teatro: acción, tiempo y lugar.

·      Separación de lo cómico y lo trágico.

·      Separación de la prosa y el verso.

·      Desarrollo variado de formas narrativas con finalidad didáctica: novelas, ensayos, sátiras, tratados, informes, etc. Son obras más adecuadas que los géneros literarios tradicionales para la crítica y la transmisión de conocimientos útiles.

·      Los géneros literarios tradicionales se adaptan a la nueva finalidad educativa: fábulas en verso para enseñar, corrigiendo vicios y errores: odas para exaltar los ideales ilustrados; sátiras para burlarse de las viejas costumbres: novelas para exponer una visión crítica del mundo; comedias con finalidad moralizante.

·      En el estilo se busca la claridad y la sobriedad ya que es lo más apropiado para hacerse entender. Importa más la precisión que la belleza, más la idea que la forma expresiva.


STURM UND DRANG: LA REACCIÓN CONTRA EL RACIONALISMO

 

El Sturm und Drang fue un movimiento cultural alemán que abarca desde 1760 a 1785. Su nombre procede de la obra teatral con igual título de Klinger.

Este movimiento prerromántico surge como una reacción contra la Ilustración. Sus teóricos son Hamann y Herder. Desde 1759, Hamann lanza su grito contra la razón, y su prosa rechaza todo lo que clasifique. En 1767, Herder ya ha formulado sus ideas, y comunica a los jóvenes escritores su entusiasmo por Rousseau como defensor del estado de naturaleza frente a la civilización, además ensalza a Shakespeare y a Ossián, y defiende el culto al genio. Ya Lessing había pedido a los escritores que buscaran sus modelos en Inglaterra y dejaran la imitación del clasicismo francés, rechazaba la imitación y proponía la creación personal.

Dos figuras fundamentales de este movimiento fueron Johann W. Goethe y Friedrich Schiller quienes, más tarde, evolucionaron hacia posturas más clásicas y rechazaron este movimiento, pero su influencia fue decisiva para el auge del Romanticismo.

Esta nueva generación resulta muy importante ya que establece principios que luego se convertirán en la base del Romanticismo:

·      Rechazo de géneros literarios y todo tipo de reglas.

·      Exaltación de la libertad y espontaneidad creadora.

·      Relevancia de la concepción panteísta de la naturaleza junto al individuo.

·      Nacionalismo. Revalorización de las lenguas propias de los pueblos: defensa de la poesía popular, el folklore, baladas y canciones donde aparecen las leyendas.

·      Se toma como inspiración la Edad Media y el Arte Gótico.

·      La rebeldía de este movimiento queda plasmada en el teatro.